miércoles, 28 de octubre de 2015

COMO LOS MEDIOS ESPAÑOLES ESTÁN BAJO EL CONTROL DE ÉLITES ECONÓMICAS Y POLÍTICAS


Introducción

Resulta difícil negar que la libertad de expresión es uno de los grandes logros, no solo de nuestra historia reciente, sino también, y  sin miedo a exagerar, de la historia de la humanidad. Esta afirmación coge fuerza cuando echamos la vista atrás y observamos con merecida admiración, como se ha combatido sin descanso durante siglos para tener lo que tenemos, y gozamos, hoy día. Tan sólo recuerden como en plena esquizofrenia de la Revolución Francesa, aquellos primeros periodistas forcejearon con sus panfletos y viejos periódicos contra una monarquía con el fin de poner fin a las restricciones y limitaciones  a la prensa. Y no dejemos pasar como la misma primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos habla y defiende precisamente esta libertad de expresión.


Y es que esta libertad de la que muchos países (no suficientes) disfrutan va más allá de esto. Porque también resulta difícil negar, y de nuevo sin miedo a exagerar, que sin un libre periodismo, la democracia no existiría, o al menos no como la conocemos hoy día.

Partamos de la conocida base de que, cada día, ocurren una infinidad de sucesos y eventos en todo el mundo. Tal ingente cantidad de información no puede ser procesada. Al fin y al cabo, somos simples humanos. Pero el ser humanos nos da la “molesta” necesidad de conocer lo que nos rodea para sobreviir y comprender el mundo.  Ahí entra el papel del periodismo. Para seleccionar toda esa información por nosotros y explicarla según nuestros intereses. Conocemos el mundo gracias a los medios.

Aún con todo lo anterior, en los últimos años hemos sido testigos de cómo esta ideal idea (valga la redundancia) de periodismo ha sido lentamente desapareciendo delante de nuestros inocentes ojos.  Ahora, parece natural que cada gran empresa de comunicación, prensa, radio o televisión, esté controlada, a veces encubierto, a veces no, por los ambiciosos intereses de empresas, aún más grandes, y con poca o ninguna relación con el mundo del periodismo.

Así pues, que esta introducción sirva para sentar las bases sobre las que me dedicaré en el resto del artículo; el cómo los principales medios de comunicación están en realidad controlados por unas élites políticas y económicas y como este fenómeno afecta y daña al periodismo. Aunque tristemente sea un problema de escala mundial, me centraré en España, en los problemas actuales que tiene y, en definitiva, tratar de buscar una solución apropiada y lógica a este problema. 



Análisis

Como ya he dicho, la limitación de la libertad de expresión es un problema global. Y aunque me centraré en España, conviene recordar como los medios y los propios periodistas son amenazados, atacados, encerrados e incluso asesinados en todo el mundo por el simple hecho de hacer su trabajo.
Cada año, ‘Reporteros sin Fronteras’ realiza un Índice Mundial de la Libertad  de Prensa en el  cual clasifica cada país según su mayor y menor grado de libertad de prensa y expresión. En 2015, España fue puesta en el puesto número 33 de un total de 180 países en la lista, mientras países como Sudán y China ocupaban las últimas posiciones. En el siguiente mapa, ‘Reporteros sin Fronteras’ muestra de forma gráfica y distribuye por colores como los medios tienen, gozan o padecen el ejercicio del periodismo en 2015.

Ranking 1º-180º

Blanco: 1º-21º
Amarillo: 22º-52º 
Naranja: 53º-114º
 Rojo: 115º-160º
 Negro: 161º-180º

La Constitución Española de 1978 establece en su artículo 20.1 acerca de los derechos fundamentales que existe el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. Y que por supuesto, aclara que en el punto en el 20.2 que “el ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa” No podría estar más claro.
Atrás quedan los días en los que la censura estaba a la orden del día; días en los que las tijeras cortaban sin temblor de manos cualquier atisbo de distorsión ideológica. España es una democracia. Y europea encima. La gente vota cada cuatro años para formar un nuevo gobierno y un nuevo Parlamento. Y los periodistas están como hemos visto, protegidos por ley y Constitución, siendo libres para publicar y opinar.

Pero dentro de este idílico escenario, lo cierto es que el periodismo es una de las profesiones que más prestigio ha perdido en los últimos años. ¿Por qué? ¿Por qué cuesta tanto confiar en los medios? ¿Cómo han perdido esa sagrada credibilidad? El periodismo está enfrentándose a un problema de no fácil solución. Y es que la censura ya no viene de fuera, sino de dentro. Ahora son los propios periodistas los que evitan, se callan y dejan de escribir por auténtico miedo e inseguridad profesional. ¿Por qué harían eso? Porque igual el escribir sobre cierto tema puede ir en contra de los intereses del dueño del periódico donde trabaja en cuestión.

Pero pongamos un poco de contexto al asunto. Desde 2008 y a causa de la tremenda crisis económica que padecemos, vemos como cada vez más sectores de la economía sufren unas consecuencias difíciles de sobrellevar. El periodismo no se libra de esto. El periodismo, a fin de cuentas, y especialmente desde finales del siglo XIX con la aparición de los gran

des magnates, es un negocio capitalista. Pero el periodismo no sólo vive una crisis económica, sino también una de identidad en un periodo de incertidumbre social. El relevo que los nuevos medios y plataformas digitales y online le están tomando a la prense tradicional en papel hace que toda la visión de negocio esté cambiando. Ahora, mientras los anunciantes son más importantes que nunca para el destino de esta profesión; se puede afirmar que, y aún sonando obvio, que el periodismo necesita dinero.

Sabiendo esto, no sólo los anunciantes ganan poder, sino empresas externas controladas por élites e intereses políticos  y económicos se arriman a estas empresas de comunicación con medio pie en la quiebra para financiarlas. Pero, ¿cuál es el problema en esto? Los periodistas reciben el dinero que necesitan como pan al hambriento, y ya pueden seguir trabajando tranquilos. Sin embargo, este dinero puede tener cierto veneno escondido. Ahora, las compañías que han rescatado a ese periódico en cuestión, al no tener interés por el ejercicio periodístico, ven en él un portal para aumentar sus ganancias (por pocas que sean) y para incrementar su reputación en una sociedad cada vez más comercializada.

Pongamos un ejemplo claro. Usted, lector, es un periodista. Trabaja en un periódico que se mantiene gracias a una gran empresa, a la que llamaremos “Empresa A”.  Y de repente surge el milagro y descubres un escándalo de corrupción acerca de otra empresa, llamémosla “Empresa B”. Por supuesto, quieres escribir sobre eso. Es tu deber. Pero sucede que la “Empresa A” y la “Empresa B” son amigas de negocios; comparten acciones en diversos ejercicios económicos y sus intereses en el mercado son comunes. Si escribes algo dañino contra la “Empresa B”, la “Empresa A” puede coger un berrinche. Y tu jefe no quiere eso. Porque perjudicaría la financiación del periódico para el que trabajas. Por no hablar que tu puesto correría cierto peligro. Igual necesitas pensar un par de veces antes de destapar el asunto. “Mejor sigo a lo mío y ya se solucionará” piensas. He ahí la autocensura.

Si hablamos un poco de España, podemos encontraros con que hay una amplia variedad de medios de comunicación que sobre el papel parece rica y plural. Sólo en periódicos se pueden contar alrededor de 85 empresas, con grandes diferencias en cuanto ideología política, social y económica. Pero como ya señalé al comienzo de este artículo, la mayoría se encuentra en manos de unas cuantas y grandes empresas. Bajo el paragüas de Prisa se encuentra, no solo a uno de los  periódicos más influyentes como es el diario El País, sino que a su vez se resguardan, desde grandes titanes de la prensa deportiva como es el diario AS, pesos pesados del mundo editorial como es Santillana, importantes figuras del entretenimiento como Meristation o Cinemanía, y la radio más escuchada según el último Estudio General de Medios, la Cadena Ser. Pero esto no es sinónimo de buena fortuna, ya que como recordaba el portal ‘The Nation.com’ en 2013 El País  despidió a 129 empleados y recortó salarios de hasta un 8%, mientras que el presidente de PRISA, Juan Luis Cebrián, se llevó a casa más de 2 millones de dólares
.
Pero PRISA no es ni mucho menos el único gran conglomerado económico de nuestro país. El ‘Grupo Planeta’ tiene uno de los periódicos conservadores de mayor incluencia, La Razón, y tiene participaciones en ‘Atresmedia’, otro conglomerado audiovisual que combina dos de las más importantes cadenas privadas de la parrilla televisiva; Antena 3 y la Sexta, aún con claras divergencias y orientaciones políticas. De nuevo, el dinero se sube a los hombros de la ideología y es quién marca el camino.

En la bonita - y memorable- mañana del 27 de enero de 2015, los siete periódicos más influyentes del país amanecieron en los quioscos sin legañas y bien despiertos, mostrando en sus portadas el mismo anuncio a toda página del Banco Santander. Por supuesto, esta entidad se negó a dar detalles del precio que pago por esta aparición. 


Esto fue una señal a gritos de cómo un poderoso banco como es el Santander tiene en su mano la información de los principales medios impresos de España, aún con distintas y opuestas ideologías.
Con todo lo anterior, podemos ver como estos grandes conglomerados hacen más bien que mal a la libertad de expresión y a la independencia misma del periodista en sí. 

Esta ‘autocensura’ de la que hablaba antes, es más peligrosa aún que la tradicional forma de censura empleada durante siglos  toda clase de publicaciones. Porque esta nueva forma de censura es esquiva, se camufla y resulta difícil de ver y detectar, no siendo defendida por ninguna ley y, por todo ello, imposible de erradicar en este momento. Y es que mientras los medios dependan del dinero de bancos y empresas, los periodistas seguirán cediendo los principios de esta profesión ante los intereses ajenos a ella. 

Solución

Ahora que ya tenemos un nada despreciable ‘background’ acerca de este problema, llega el momento de buscar una solución, o al menos, establecer una serie de ideas base que permitan mejorar esta desolador panorama. Ya sabemos que la prensa, y todos los medios en general, desde que son unos negocios más, buscan rentabilidad para sus cuentas, pagos para sus gastos y salarios para sus trabajadores. Mantener un medio de comunicación no cosa barata. Repitamos lo básico; se necesita dinero. Pero, ¿de dónde debería salir ese dinero?

También hemos visto como la solución más usada al problema del dinero viene de mano de los grandes conglomerados, que estrechan lazos con la élite política y económica de este país, declinando así la auténtica libertad del periodista. Por ello, no sería descabellado buscar una solución que repose en la autofinanciación de los propios medios.
Antes de exclamar; ¡sí, resulta descabellado!”, reduzcamos un momento la velocidad para observar el ejemplar caso de eldiario.es.

Fundado en el cercano (o lejano) 2012 por un joven periodista llamado Ignacio Escolar, este medio exclusivamente online es un ejemplo perfecto de cómo un periodismo rentable a la vez que libre e independiente es posible.

El pasado 18 de septiembre, como cada año desde su fundación, eldiario.es publicaba sus cuentas. En el primer semestre de 2015, habían cosechado 1.168.688 euros y gastado 967.572, alcanzando el mitológico umbral de la rentabilidad de 202.116 euros, que serán gastados, según el diario, en mejorar las oficinas y el equipamiento.

La clave para estos númros es que, de esos 1.168.688 euros, 845.377 vienen de la omnipotente publicidad, 8.015 de la venta de la revista mensual que publican, y el resto, 316.296 euros, provienen del apoyo de los propios lectores y socios del medio. Es necesario señalar que en el pasado año, contaban con 8.703 lectores dispuestos a pagar mensualmente para mantener el periódico; ahora, son 12.000.

Este gráfico muestra como eldiario.es ha evolucionado e incrementado sus beneficios a la par que su popularidad, especialmente en el pasado año 2014. Es interesante ver como, más ingresos, más gastos. Además, podemos ver como en 2012, debido a ser su primer año en el mercado, no había diferencia alguna entre ingresos y gastos

Este gráfico muestra como eldiario.es ha evolucionado e incrementado sus beneficios a la par que su popularidad, especialmente en el pasado año 2014. Es interesante ver como, más ingresos, más gastos. Además, podemos ver como en 2012, debido a ser su primer año en el mercado, no había diferencia alguna entre ingresos y gastos

Estos números son prueba suficiente de cómo, gracias a las contribuciones de los lectores, existe una nueva forma de llevar y sacar adelante un medio. Aunque es cierto que la mayor fuente de ingresos sigue siendo la de la publicidad, ya no dependen exclusivamente de ella. “La independencia económica es el primer paso hacia la libertad”, dijo el propio Ignacio Escolar. Esta frase resume todo. Aunque más adelante añadió: “No hay mayor inversor, ni banco, detrás de eldiario.es. Hemos construido este periódico con el trabajo y dinero de un grupo de periodistas, que son los auténticos dueños aquí”

Este caso choca con lo que sucede en los medios tradicionales hoy día, que ven como sin aparente freno, sus deudas aumentan así como sus gastos en plena fuga sin remedio.

No viene mal tampoco mencionar que, mientras la mayoría de las empresas de comunicación están bajo el mando de empresarios, tampoco sería descabellado, de hecho sería increíblemente beneficioso para esa regeneración periodística tan necesitada, que sean los propios periodistas los verdaderos señores y dueños del medio en cuestión. A fin de cuentas, ¿quién conoce mejor el periodismo que el periodista?

Tras esto, no puedo evitar claras soluciones a esto, o al menos, pistas sobre senderos alternativos que poder pisar para los nuevos medios. Centrando la actividad principal en Internet y no en el papel, evitar depender de grandes corporaciones e inversores para concentrar la financiación en una publicidad transparente y, más importante, la colaboración de los lectores. 

Con todo ello, los periodistas podrán sentirse libres para hablar, contar, denunciar, escribir y opinar acerca de todo lo que necesite ser hablado, contado, denunciado, escrito y opinado, sin  presión externa. Después de todo, no podemos esperar y presumir de vivir en una sociedad libre si no ha periodismo libre. Un auténtico, verdadero y libre periodismo.

Conclusión

Después de todo lo que se ha dicho, la importancia de una prensa libre en nuestra sociedad moderna queda más que expuesta. Por ello el periodismo debe volver a sus orígenes, a su forma ideal. Los medios deben recuperar así la confianza y credibilidad de los ciudadanos. A pesar de todo, lo cierto es que estos grandes conglomerados continuarán usando a los medios para extender sus intereses comerciales y posiciones políticas.

Repensar el papel de los medios en la sociedad significa mirar directamente a los ojos del problema y dar el primer paso hacia la solución. Y es que, como decía Escolar, la independencia económica significa la independencia mediática.

Dicha independencia económica puede lograrse con pequeñas contribuciones de lectores, controlando a los anunciantes y no al revés, y por supuesto, hacer a los periodistas propietarios de los medios de comunicación.

Tal y como empecé a decir en la primera página, sin periodismo libre, la democracia no existirá. Sin democracia, el periodismo libre no existiría. Y vivimos en una democracia. ¿Verdad?


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