miércoles, 28 de octubre de 2015

COMO LOS MEDIOS ESPAÑOLES ESTÁN BAJO EL CONTROL DE ÉLITES ECONÓMICAS Y POLÍTICAS


Introducción

Resulta difícil negar que la libertad de expresión es uno de los grandes logros, no solo de nuestra historia reciente, sino también, y  sin miedo a exagerar, de la historia de la humanidad. Esta afirmación coge fuerza cuando echamos la vista atrás y observamos con merecida admiración, como se ha combatido sin descanso durante siglos para tener lo que tenemos, y gozamos, hoy día. Tan sólo recuerden como en plena esquizofrenia de la Revolución Francesa, aquellos primeros periodistas forcejearon con sus panfletos y viejos periódicos contra una monarquía con el fin de poner fin a las restricciones y limitaciones  a la prensa. Y no dejemos pasar como la misma primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos habla y defiende precisamente esta libertad de expresión.


Y es que esta libertad de la que muchos países (no suficientes) disfrutan va más allá de esto. Porque también resulta difícil negar, y de nuevo sin miedo a exagerar, que sin un libre periodismo, la democracia no existiría, o al menos no como la conocemos hoy día.

Partamos de la conocida base de que, cada día, ocurren una infinidad de sucesos y eventos en todo el mundo. Tal ingente cantidad de información no puede ser procesada. Al fin y al cabo, somos simples humanos. Pero el ser humanos nos da la “molesta” necesidad de conocer lo que nos rodea para sobreviir y comprender el mundo.  Ahí entra el papel del periodismo. Para seleccionar toda esa información por nosotros y explicarla según nuestros intereses. Conocemos el mundo gracias a los medios.

Aún con todo lo anterior, en los últimos años hemos sido testigos de cómo esta ideal idea (valga la redundancia) de periodismo ha sido lentamente desapareciendo delante de nuestros inocentes ojos.  Ahora, parece natural que cada gran empresa de comunicación, prensa, radio o televisión, esté controlada, a veces encubierto, a veces no, por los ambiciosos intereses de empresas, aún más grandes, y con poca o ninguna relación con el mundo del periodismo.

Así pues, que esta introducción sirva para sentar las bases sobre las que me dedicaré en el resto del artículo; el cómo los principales medios de comunicación están en realidad controlados por unas élites políticas y económicas y como este fenómeno afecta y daña al periodismo. Aunque tristemente sea un problema de escala mundial, me centraré en España, en los problemas actuales que tiene y, en definitiva, tratar de buscar una solución apropiada y lógica a este problema. 



Análisis

Como ya he dicho, la limitación de la libertad de expresión es un problema global. Y aunque me centraré en España, conviene recordar como los medios y los propios periodistas son amenazados, atacados, encerrados e incluso asesinados en todo el mundo por el simple hecho de hacer su trabajo.
Cada año, ‘Reporteros sin Fronteras’ realiza un Índice Mundial de la Libertad  de Prensa en el  cual clasifica cada país según su mayor y menor grado de libertad de prensa y expresión. En 2015, España fue puesta en el puesto número 33 de un total de 180 países en la lista, mientras países como Sudán y China ocupaban las últimas posiciones. En el siguiente mapa, ‘Reporteros sin Fronteras’ muestra de forma gráfica y distribuye por colores como los medios tienen, gozan o padecen el ejercicio del periodismo en 2015.

Ranking 1º-180º

Blanco: 1º-21º
Amarillo: 22º-52º 
Naranja: 53º-114º
 Rojo: 115º-160º
 Negro: 161º-180º

La Constitución Española de 1978 establece en su artículo 20.1 acerca de los derechos fundamentales que existe el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”. Y que por supuesto, aclara que en el punto en el 20.2 que “el ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa” No podría estar más claro.
Atrás quedan los días en los que la censura estaba a la orden del día; días en los que las tijeras cortaban sin temblor de manos cualquier atisbo de distorsión ideológica. España es una democracia. Y europea encima. La gente vota cada cuatro años para formar un nuevo gobierno y un nuevo Parlamento. Y los periodistas están como hemos visto, protegidos por ley y Constitución, siendo libres para publicar y opinar.

Pero dentro de este idílico escenario, lo cierto es que el periodismo es una de las profesiones que más prestigio ha perdido en los últimos años. ¿Por qué? ¿Por qué cuesta tanto confiar en los medios? ¿Cómo han perdido esa sagrada credibilidad? El periodismo está enfrentándose a un problema de no fácil solución. Y es que la censura ya no viene de fuera, sino de dentro. Ahora son los propios periodistas los que evitan, se callan y dejan de escribir por auténtico miedo e inseguridad profesional. ¿Por qué harían eso? Porque igual el escribir sobre cierto tema puede ir en contra de los intereses del dueño del periódico donde trabaja en cuestión.

Pero pongamos un poco de contexto al asunto. Desde 2008 y a causa de la tremenda crisis económica que padecemos, vemos como cada vez más sectores de la economía sufren unas consecuencias difíciles de sobrellevar. El periodismo no se libra de esto. El periodismo, a fin de cuentas, y especialmente desde finales del siglo XIX con la aparición de los gran

des magnates, es un negocio capitalista. Pero el periodismo no sólo vive una crisis económica, sino también una de identidad en un periodo de incertidumbre social. El relevo que los nuevos medios y plataformas digitales y online le están tomando a la prense tradicional en papel hace que toda la visión de negocio esté cambiando. Ahora, mientras los anunciantes son más importantes que nunca para el destino de esta profesión; se puede afirmar que, y aún sonando obvio, que el periodismo necesita dinero.

Sabiendo esto, no sólo los anunciantes ganan poder, sino empresas externas controladas por élites e intereses políticos  y económicos se arriman a estas empresas de comunicación con medio pie en la quiebra para financiarlas. Pero, ¿cuál es el problema en esto? Los periodistas reciben el dinero que necesitan como pan al hambriento, y ya pueden seguir trabajando tranquilos. Sin embargo, este dinero puede tener cierto veneno escondido. Ahora, las compañías que han rescatado a ese periódico en cuestión, al no tener interés por el ejercicio periodístico, ven en él un portal para aumentar sus ganancias (por pocas que sean) y para incrementar su reputación en una sociedad cada vez más comercializada.

Pongamos un ejemplo claro. Usted, lector, es un periodista. Trabaja en un periódico que se mantiene gracias a una gran empresa, a la que llamaremos “Empresa A”.  Y de repente surge el milagro y descubres un escándalo de corrupción acerca de otra empresa, llamémosla “Empresa B”. Por supuesto, quieres escribir sobre eso. Es tu deber. Pero sucede que la “Empresa A” y la “Empresa B” son amigas de negocios; comparten acciones en diversos ejercicios económicos y sus intereses en el mercado son comunes. Si escribes algo dañino contra la “Empresa B”, la “Empresa A” puede coger un berrinche. Y tu jefe no quiere eso. Porque perjudicaría la financiación del periódico para el que trabajas. Por no hablar que tu puesto correría cierto peligro. Igual necesitas pensar un par de veces antes de destapar el asunto. “Mejor sigo a lo mío y ya se solucionará” piensas. He ahí la autocensura.

Si hablamos un poco de España, podemos encontraros con que hay una amplia variedad de medios de comunicación que sobre el papel parece rica y plural. Sólo en periódicos se pueden contar alrededor de 85 empresas, con grandes diferencias en cuanto ideología política, social y económica. Pero como ya señalé al comienzo de este artículo, la mayoría se encuentra en manos de unas cuantas y grandes empresas. Bajo el paragüas de Prisa se encuentra, no solo a uno de los  periódicos más influyentes como es el diario El País, sino que a su vez se resguardan, desde grandes titanes de la prensa deportiva como es el diario AS, pesos pesados del mundo editorial como es Santillana, importantes figuras del entretenimiento como Meristation o Cinemanía, y la radio más escuchada según el último Estudio General de Medios, la Cadena Ser. Pero esto no es sinónimo de buena fortuna, ya que como recordaba el portal ‘The Nation.com’ en 2013 El País  despidió a 129 empleados y recortó salarios de hasta un 8%, mientras que el presidente de PRISA, Juan Luis Cebrián, se llevó a casa más de 2 millones de dólares
.
Pero PRISA no es ni mucho menos el único gran conglomerado económico de nuestro país. El ‘Grupo Planeta’ tiene uno de los periódicos conservadores de mayor incluencia, La Razón, y tiene participaciones en ‘Atresmedia’, otro conglomerado audiovisual que combina dos de las más importantes cadenas privadas de la parrilla televisiva; Antena 3 y la Sexta, aún con claras divergencias y orientaciones políticas. De nuevo, el dinero se sube a los hombros de la ideología y es quién marca el camino.

En la bonita - y memorable- mañana del 27 de enero de 2015, los siete periódicos más influyentes del país amanecieron en los quioscos sin legañas y bien despiertos, mostrando en sus portadas el mismo anuncio a toda página del Banco Santander. Por supuesto, esta entidad se negó a dar detalles del precio que pago por esta aparición. 


Esto fue una señal a gritos de cómo un poderoso banco como es el Santander tiene en su mano la información de los principales medios impresos de España, aún con distintas y opuestas ideologías.
Con todo lo anterior, podemos ver como estos grandes conglomerados hacen más bien que mal a la libertad de expresión y a la independencia misma del periodista en sí. 

Esta ‘autocensura’ de la que hablaba antes, es más peligrosa aún que la tradicional forma de censura empleada durante siglos  toda clase de publicaciones. Porque esta nueva forma de censura es esquiva, se camufla y resulta difícil de ver y detectar, no siendo defendida por ninguna ley y, por todo ello, imposible de erradicar en este momento. Y es que mientras los medios dependan del dinero de bancos y empresas, los periodistas seguirán cediendo los principios de esta profesión ante los intereses ajenos a ella. 

Solución

Ahora que ya tenemos un nada despreciable ‘background’ acerca de este problema, llega el momento de buscar una solución, o al menos, establecer una serie de ideas base que permitan mejorar esta desolador panorama. Ya sabemos que la prensa, y todos los medios en general, desde que son unos negocios más, buscan rentabilidad para sus cuentas, pagos para sus gastos y salarios para sus trabajadores. Mantener un medio de comunicación no cosa barata. Repitamos lo básico; se necesita dinero. Pero, ¿de dónde debería salir ese dinero?

También hemos visto como la solución más usada al problema del dinero viene de mano de los grandes conglomerados, que estrechan lazos con la élite política y económica de este país, declinando así la auténtica libertad del periodista. Por ello, no sería descabellado buscar una solución que repose en la autofinanciación de los propios medios.
Antes de exclamar; ¡sí, resulta descabellado!”, reduzcamos un momento la velocidad para observar el ejemplar caso de eldiario.es.

Fundado en el cercano (o lejano) 2012 por un joven periodista llamado Ignacio Escolar, este medio exclusivamente online es un ejemplo perfecto de cómo un periodismo rentable a la vez que libre e independiente es posible.

El pasado 18 de septiembre, como cada año desde su fundación, eldiario.es publicaba sus cuentas. En el primer semestre de 2015, habían cosechado 1.168.688 euros y gastado 967.572, alcanzando el mitológico umbral de la rentabilidad de 202.116 euros, que serán gastados, según el diario, en mejorar las oficinas y el equipamiento.

La clave para estos númros es que, de esos 1.168.688 euros, 845.377 vienen de la omnipotente publicidad, 8.015 de la venta de la revista mensual que publican, y el resto, 316.296 euros, provienen del apoyo de los propios lectores y socios del medio. Es necesario señalar que en el pasado año, contaban con 8.703 lectores dispuestos a pagar mensualmente para mantener el periódico; ahora, son 12.000.

Este gráfico muestra como eldiario.es ha evolucionado e incrementado sus beneficios a la par que su popularidad, especialmente en el pasado año 2014. Es interesante ver como, más ingresos, más gastos. Además, podemos ver como en 2012, debido a ser su primer año en el mercado, no había diferencia alguna entre ingresos y gastos

Este gráfico muestra como eldiario.es ha evolucionado e incrementado sus beneficios a la par que su popularidad, especialmente en el pasado año 2014. Es interesante ver como, más ingresos, más gastos. Además, podemos ver como en 2012, debido a ser su primer año en el mercado, no había diferencia alguna entre ingresos y gastos

Estos números son prueba suficiente de cómo, gracias a las contribuciones de los lectores, existe una nueva forma de llevar y sacar adelante un medio. Aunque es cierto que la mayor fuente de ingresos sigue siendo la de la publicidad, ya no dependen exclusivamente de ella. “La independencia económica es el primer paso hacia la libertad”, dijo el propio Ignacio Escolar. Esta frase resume todo. Aunque más adelante añadió: “No hay mayor inversor, ni banco, detrás de eldiario.es. Hemos construido este periódico con el trabajo y dinero de un grupo de periodistas, que son los auténticos dueños aquí”

Este caso choca con lo que sucede en los medios tradicionales hoy día, que ven como sin aparente freno, sus deudas aumentan así como sus gastos en plena fuga sin remedio.

No viene mal tampoco mencionar que, mientras la mayoría de las empresas de comunicación están bajo el mando de empresarios, tampoco sería descabellado, de hecho sería increíblemente beneficioso para esa regeneración periodística tan necesitada, que sean los propios periodistas los verdaderos señores y dueños del medio en cuestión. A fin de cuentas, ¿quién conoce mejor el periodismo que el periodista?

Tras esto, no puedo evitar claras soluciones a esto, o al menos, pistas sobre senderos alternativos que poder pisar para los nuevos medios. Centrando la actividad principal en Internet y no en el papel, evitar depender de grandes corporaciones e inversores para concentrar la financiación en una publicidad transparente y, más importante, la colaboración de los lectores. 

Con todo ello, los periodistas podrán sentirse libres para hablar, contar, denunciar, escribir y opinar acerca de todo lo que necesite ser hablado, contado, denunciado, escrito y opinado, sin  presión externa. Después de todo, no podemos esperar y presumir de vivir en una sociedad libre si no ha periodismo libre. Un auténtico, verdadero y libre periodismo.

Conclusión

Después de todo lo que se ha dicho, la importancia de una prensa libre en nuestra sociedad moderna queda más que expuesta. Por ello el periodismo debe volver a sus orígenes, a su forma ideal. Los medios deben recuperar así la confianza y credibilidad de los ciudadanos. A pesar de todo, lo cierto es que estos grandes conglomerados continuarán usando a los medios para extender sus intereses comerciales y posiciones políticas.

Repensar el papel de los medios en la sociedad significa mirar directamente a los ojos del problema y dar el primer paso hacia la solución. Y es que, como decía Escolar, la independencia económica significa la independencia mediática.

Dicha independencia económica puede lograrse con pequeñas contribuciones de lectores, controlando a los anunciantes y no al revés, y por supuesto, hacer a los periodistas propietarios de los medios de comunicación.

Tal y como empecé a decir en la primera página, sin periodismo libre, la democracia no existirá. Sin democracia, el periodismo libre no existiría. Y vivimos en una democracia. ¿Verdad?


lunes, 22 de diciembre de 2014

Europa, el paradigma de la libertad de prensa, bajo amenaza

Lo más significativo cuando nos paramos a analizar la libertad de Prensa en Europa es que 31 países del Viejo Continente se encuentran entre los 50 primeros Estados de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. Estos datos arrojan una realidad esperanzadora: Europa es uno de los territorios donde más se respeta la profesión periodística a nivel mundial.

Gran parte de “culpa” la tiene la legislación de la Unión Europea, que exige a los Estados miembro respetar y hacer cumplir la libertad de información y de prensa a través de diversos documentos, como el Convenio Europeo de Derechos Humanos, o la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, donde quedan recogidas la libertad de informar y de ser informado.

Dentro de Europa, los países del norte son los que mejor calificación tienen en cuanto al respeto a la Libertad de Prensa. Finlandia encabeza la clasificación mundial desde 2008, seguida de los Países Bajos, Noruega y Luxemburgo. Estos países combinan una legislación con sólidos fundamentos a favor de la libertad de información con una tradición cultural de respeto hacia la prensa que hace posible su alto grado de respeto a la libertad de medios. En el sur de Europa, uno de los países que más ha evolucionado ha sido Italia, un país que ha tenido que lidiar con la enorme presión de las organizaciones criminales del país.

Ilustración de Diariourbano.info
Pese a todo lo dicho, Europa también acarrea problemas que, si bien no son comparables a otras áreas del planeta, también merecen ser analizados. Uno de los principales problemas del periodismo en occidente (no sólo en Europa) es la concentración empresarial de los medios. La Asociación Europea de la Prensa llamó la atención sobre este fenómeno, además de otros, en un manifiesto publicado el pasado mayo, ya que consideran que Europa debe de garantizar un periodismo plural e independiente que asegure el desarrollo de una democracia más justa.


La concentración empresarial de los medios de comunicación no es un fenómeno nuevo, pero sí que está experimentando un giro preocupante gracias a la crisis económica, que se ha llevado por delante a muchos medios independientes y ha favorecido la adquisición por parte de las grandes empresas de otros tantos. Esta concentración de medios en manos del gran capital contribuye a que los medios sean herramientas de las grandes multinacionales, que serán las que marquen los grandes temas del momento, en lugar de regirse por motivaciones estrictamente periodísticas.

Por otra parte, también encontramos casos preocupantes sobre la libertad de prensa que acercan a Europa a los regímenes totalitarios de los que hemos hablado en otras entradas. En este sentido, dos países europeos con una gran tradición de respeto al periodismo, Francia y Reino Unido, han sido protagonistas de preocupantes hechos contra la libertad de prensa.

En el caso de Francia, el país galo aprobó este año una ley que penaliza la publicación de los bienes de cargos electos con penas de prisión y sigue sin proporcionar una legislación que dé protección eficaz a la confidencialidad de las fuentes periodísticas, además de órdenes judiciales para retirar material informativo sobre políticos franceses de algunos medios, lo que supone un grave atentado contra la libertad periodística.

Edward Snowden/Wikipedia
Reino Unido, por su parte, ha protagonizado un preocupante hecho contra la libertad de prensa al enviar a funcionarios del Gobierno inglés al periódico de The Guardian para supervisar la destrucción de la información proporcionada al medio por Edward Snowden referentes a las prácticas de la agencia de inteligencia británica. Además, la pareja sentimental del periodista Glenn Greenwald, quién había trabajado estrechamente con Snowden, fue retenida en el aeropuerto de Heathrow por las autoridades británicas al amparo de la Ley Antiterrorista, algo que sólo se había visto con anterioridad en regímenes totalitarios y que supone una gravísima violación de la libertad de prensa en uno de los países con una de las tradiciones periodística más ricas y plurales del mundo.


Conforme avanzamos hacia el este de Europa, los casos se van haciendo más preocupantes. La caída más importante la ha protagonizado Grecia, uno de los países más azotados por la crisis económica y que ha convertido a los periodistas en blanco de todas sus iras. La crisis de los medios griegos es tanto económica como de reputación. En primer lugar, la crisis financiera supuso el cierre de multitud de medios y de despidos, empobreciendo la pluralidad periodística. Por otra parte, el clientelismo de muchos medios durante años ha provocado que tanto el pueblo como los partidos políticos vean en los periodistas a manipuladores que no cuentan sino lo que les conviene, lo que ha hecho que los profesionales de la comunicación hayan sido víctimas en multitud de ocasiones de ataques tanto de manifestantes como de la propia policía griega.

Otros países donde la libertad de prensa está en serio peligro son Hungría, donde se ha establecido un Consejo de Medios que controla la información que se publica en los medios, Macedonia, que ha condenado a prisión a varios periodistas por diversos motivos, o Montenegro, país en el que varios profesionales han sufrido atentados e incluso fue asesinado el director del periódico independiente Dan, Dusko Jovanovic.


En definitiva, observamos que Europa es uno de los territorios globales donde mejor y más protegido está el periodismo y la libertad de prensa, pero la libertad de información presenta grandes diferencias territoriales, y en algunos países donde hasta hace poco la independencia de los medios no se cuestionaba observamos una preocupante tendencia a la injerencia de los agentes públicos en el desarrollo del trabajo de los profesionales de la comunicación. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Censura informativa en Estados Unidos

¿Quién no ha tenido siempre a EEUU como una de las primeras potencias a nivel mundial? Esa es la imagen que desde antaño se ha proyectado sobre el país norteamericano a través de los medios de comunicación, un país en el que se goza de derechos y libertades, incluyendo la informativa.

Evidentemente, afirmar esto nos lleva a un gran error, puesto que es uno de los países más grandes del mundo, y ello, junto con las políticas herméticas del gobierno estadounidense, nos obligan a matizar, ya que no corre el mismo peligro un periodistas que se encuentre en la conflictiva zona de la frontera de México, que un periodista que se encuentre en la ciudad de Washington DC.

Como no, tenemos que diferenciar entre dos tipos de peligros: el peligro físico, que pone en riesgo la vida del propio periodista, y el peligro informativo, que afecta a los ideales periodísticos y hace que la información sea más o menos veraz e imparcial. En Estados Unidos apenas podemos apreciar casos violentos y sangrientos que lleve a la primera opción, la de poner la vida del periodista en riesgo. Al menos no en territorio estadounidense, ya que no se conocen muchos casos en los que los informadores hayan sido agredidos físicamente en algún lugar de Estados Unidos, dado que la seguridad ciudadana es muy efectiva.

Ahora bien, si nos referimos a periodistas estadounidenses o que trabajan para medios estadounidenses y tienen que desplazar su área de trabajo al extranjero, concretamente a zonas de conflicto, el factor riesgo aumenta de forma acelerada. Esto es debido a que el propio gobierno de Estados Unidos tiene ejércitos y tropas distribuidos en casi todas las zonas conflictivas del mundo, sobre todo en países de Oriente Medio, en los que ya han sido asesinados muchos periodistas norteamericanos, por motivos de política exterior.


Periodista James Foley: foto de Huffingtonpost.es
Esto último podemos verlo reflejado en los dos casos más recientes: el pasado verano 2014, dos periodistas estadounidenses fueron degollados por un yihadista del Estado Islámico (EI). Tanto James Foley como Steven Sotloff fueron decapitados de la misma forma, y ambos habían estado previamente secuestrados durante un largo período de tiempo. Los yihadistas toman rehenes a los periodistas de Estados Unidos como táctica de amenaza contra el actual presidente Barack Obama, para que este despliegue sus tropas de las zonas de combate y modere sus decisiones de política exterior. Al parecer, de poco ha servido la pérdida de estos y muchos otros periodistas que permanecen secuestrados, y que con frecuencia son amenazados de muerte.

No obstante, por cruel que sean estos casos, lo más peligroso en Estados Unidos respecto a la información periodística es la censura, y los monopolios y oligopolios de medios de comunicación, que ponen en tela de juicio la independencia informativa de los medios.

Tanto es así, que a principios del verano de 2014, 38 asociaciones de periodistas de EEUU se reunieron para elaborar una carta al mismísimo Barack Obama, en la que le pedían que terminase ya con su política de censura y restricciones en la información, porque se estaba perdiendo cada vez más la trasparencia informativa.

Desde el paradigmático caso Watergate, en el que dos periodistas del periódico estadounidense Washington Post descubrieran una trama de corrupción en la legislatura del presidente Nixon, el académico Peter Phillips ha venido confeccionando todos los años un “Proyecto Censura”. En este trabajo, Phillips y sus colaboradores indagan sobre los 25 temas que más importancia tienen a nivel nacional y que no han tenido ninguna o poca relevancia en los principales medios del país. De todos los temas estudiados, el de más importancia ha sido (y más censurado)  la dominación de la ideología conservadora de Estados Unidos en el plano mundial.

Foto: projectcensored.org
Asimismo, desde la Telecommunications Act (Ley de telecomunicaciones), impulsada por la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones, por sus siglas en inglés) en 1996, la empresas y medios de comunicación han visto cada vez más ampliados los límites de propiedad cruzada, es decir, una misma empresa de comunicación en Estados Unidos, hoy en día, puede poseer multitud de medios, sin que esto suponga un delito ni un peligro para la libertad de expresión ni el pluralismo político. Aunque, claro está, no hace falta decir que ello conlleva a todo lo contrario: cada vez son más los medios subordinados al gobierno central de los Estados Unidos. 

Dificultades:

En esta nueva entrada, al tratarse de un tema relacionado con Estados Unidos, y dada la lejanía de este y nuestro país, encontrar fuentes personales ha sido imposible. En primer lugar hemos intentado contactar con periodistas que sean de nuestro país y tengan corresponsalía en el país norteamericano. No obtuvimos respuesta, y por ello decidimos intentarlo con algún periodista de Estados Unidos que tuviese su campo de trabajo en alguna zona de conflicto, como hemos indicado más arriba. En definitiva, en las fuentes personales no hemos tenido ninguna suerte. 
Sin embargo, sí hemos encontrado la página de projectcensored.org, que contiene los 25 temas anuales menos tratados por los medios convencionales. Asimismo, hemos acudido a las fuentes de internet siguientes: fcc.gov (Federal Communications Commission), rebelion.org, actualidad.rt.com, y elconfidencial.com.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Periodismo en Oriente Próximo (I): Siria y Estado Islámico


No podríamos dejar de hacer especial mención y volcar nuestra atención en Oriente Próximo, como una de las zonas más conflictivas del planeta, y nos parece casi obligatorio hablar de los peligros e impedimentos a los que se ven sometidos en estas regiones y países los profesionales de la comunicación , tanto foráneos como nativos. La conflictividad que caracteriza a Oriente Próximo se explica atendiendo a todos los factores y motivos componen un paradigma lejos de ser homogéneo. Por supuesto, hablo de los encuentros y convivencias de distintas religiones como son la musulmana, judía y cristiana, las confrontaciones ideológicas, intereses políticos, la variedad de pueblos y etnias, las ambiciones económicas regidas por los depósitos de petróleo en la zona,  las intervenciones militares extranjeras y un largo etcétera. Estos factores conjugan un ambiente propicio para sucesivos conflictos bélicos (regionales e internacionales), revueltas y revoluciones, tensiones políticas y surgimiento de grupos terroristas. En definitiva, Oriente Próximo se ha convertido en uno de los centros de mira y de preocupación de la comunidad internacional; y por ello, en una especie de pozo sin fondo de fuentes de noticias y de informaciones de las cuales son  los profesionales de la comunicación los encargados de recoger, analizar y transmitir al resto del mundo. Claro está, por desgracia los periodistas también son unos actores más, y por ello víctimas demasiado a menudo de este caótico paradigma y por ello a la hora de ejercer su profesión, sufren toda clase de impedimentos, desde la censura y ataques hasta los asesinatos, pasando por secuestros y desapariciones.

Dada la mencionada complejidad de Oriente Próximo, evitaremos hacer una entrada demasiado extensa y pesada para centrarnos en esta primera en Siria y las actuaciones de Estado Islámico en la región, y así concentrar toda nuestra atención en un caso a la vez.

Y es que el caso de Siria merece especial atención. En un relativo corto espacio de tiempo, Siria ha pasado de ser uno de los países más “estables” de Oriente Próximo en cuestión política y social (a pesar de la dictadura de estar bajo un régimen dictatorial desde 1970) y estar en 2005 en el puesto 145 de un total de 167 países en el Índice  de libertad de prensa realizada por Reporteros sin Fronteras, a ser uno de los países más inestables del mundo, con el puesto 176 de 179 del mencionado informe en 2013 y considerado por muchos, ya por encima de países Somalia, uno de los países más peligrosos para el ejercicio de la profesión de periodismo.

Las causas de este descenso tanto en situación socio-política como en las garantías del libre ejercicio del periodismo en Siria se encuentran principalmente en la guerra civil que asola el país desde marzo de 2011. Lo que comenzó como protestas y revueltas contra el régimen establecido y con dos bandos claramente diferenciados, ha desembocado en un conflicto a gran escala, con un enorme interés internacional y con unos bandos cada vez más difusos, en parte a causa de la intervención de otros nuevos actores como son las milicias internacionales o los grupos terroristas, destacando el conocido Estado Islámico entre ellos.

Periodista de guerra en Siria - www.elmundo.es
Y es que este difuso desarrollo de los acontecimientos así como la mencionada intervención de nuevos actores en el conflicto, han perjudicado gravemente a los profesionales de la comunicación. Sería un error caer en la idea de que sólo uno de los bandos que participan en esta guerra es el causante de las paupérrimas condiciones de trabajo o de los constantes peligros en los periodistas de la región. Como hemos mencionado antes, la pluralidad de frentes y bandos que en este momento combaten en Siria hace que las amenazas y los ataques sean recibidos por los periodistas por más de una vía.

Los datos hablan por sí solos. Tomando un año como referencia, 2013, observamos como fueron 75 los periodistas muertos en todo el mundo. Siria encabeza la lista con la escalofriante cifra de 29 de ese total de 75, siendo con amplia diferencia el país con mayor número de periodistas muertos en 2013, muy por encima de Irak con 10. El Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), organismo no gubernamental que no sólo recoge datos acerca de abusos cometidos hacia periodistas sino que emprende acciones y denuncia casos concretos, expone que desde el comienzo de la guerra civil en 2011, hanmuerto 72 profesionales de la comunicación en territorio Sirio, siendo una cifra no definitiva debido a las enormes dificultades que tiene un conflicto bélico para recabar datos precisos. Esta cifra recoge a aquellos profesionales muertos por causas de la guerra en el desarrollo o a causa de su actividad de periodista. Por ejemplo, no engloba aquellos muertos por accidentes de tráfico o causas naturales. Cabe destacar, que sin embargo tan sólo un 15% de los periodistas muertos son extranjeros, dejando  un abrumador 85% a los profesionales locales, ya que son en última instancia, los principales objetivos con el fin de evitar que se propaguen noticias o informaciones acerca de, por ejemplo, la posición de un grupo armado, los movimientos estratégicos, o la atrocidades que se producen en el transcurso de la guerra.  

Como ya hemos señalado, muchos son los frentes de donde provienen los ataques constantes a los periodistas.

Las autoridades sirias del gobierno de Al Asad, que ya por descontado hacen uso de una fuerte censura y sistema de represión, destacan con detenciones injustificadas como son los casos del freelance alemán Armin Wertz detenido en mayo de 2013 o del alemán Armin Wertz, que se confirmó su detención por el régimen de Al Asad en mayo de ese mismo año, estando desaparecido desde noviembre de 2012. Aún así, como señalamos con anterioridad son los periodistas locales los que más sufren en este conflicto, ejemplo de los secuestros de la cadena de televisión Orient TV, y es que el gobierno de Al Asad puso en marcha en 2012 una ley antiterrorista que acusa y juzga a los que publiquen informaciones contrarias al régimen por ser consideradas “actos terroristas”. Con esto, actualmente hay acerca de 40 periodistas detenidos por el gobierno.

 Por otro lado, la creciente presencia de grupos terroristas en la región, tanto del  lado de los rebeldes como independientes, no ha hecho más que aumentar los casos de ataques, secuestros y asesinatos a los profesionales de la información.

Convoy armado de Estado Islámico - www.elordenmundial.com
El  ya conocido Estado Islámico, tras haberse asentado en las regiones del norte de Siria aprovechando la debilidad de la zona, lleva realizando constantes ataques a periodistas de una forma que traspasa cualquier límite establecido con anterioridad.  Y es que el EI (Estado Islámico) ha ordenado matar a todos los periodistas que “dañen la imagen de la organización” e incluso los dirigentes de la organización yihadista han llegado a ofrecer recompensas a aquellos que capturen a periodistas extranjeros. Esto desemboca en una situación de “oscuridad informativa” en las zonas controladas por el EI, creando un clima de censura y terror a los periodistas que impiden que estos desarrollen su actividad.Ciudades bajo el control de Estado Islámico han cerrado los medios de comunicación, y las instalaciones y materiales son ahora utilizadas por el Estado Islámico para difundir su eficaz propaganda. Localidades enteras han quedado silenciadas; la mayoría de los periodistas huyen del lugar y los que se quedan permanecen en sus casas. Importante añadir que todo esto ha obligado a numerosos periodistas a tener que cubrir enfrentamientos y escaramuzas a distancia para evitar las represiones del grupo yihadista disminuyendo enormemente la precisión y eficacia de lo que sucede en la zona. Todo esto ha provocado una ausencia de fuentes de información fiables en la región, dando lugar a un denominado “agujero negro informativo”. 

Otros ejemplos de las represiones del Estado Islámico en Siria los casos del fotógrafo Aboud Haddad que fue secuestrado por el EI cuando se disponía a regresar a Turquía, o los conocidos secuestros
Ricardo García Vilanova (izquierda) y Javier Espinosa (derecha)
- www.elmundo.es
en septiembre de 2013 de Ricardo García Vilanova, fotorreportero freelance, y Javier Espinosa, del diario El Mundo. Estado Islámico también practica en las zonas bajo su dominio un  exhaustivo control de las informaciones que circulan, llegando a prohibir la difusión de revistas y publicaciones. Este grupo terrorista, dado a su gran capacidad de organización y a sus cada día más crecientes recursos, lleva a cabo atentados contra emisoras y cadenas de radio y televisión, como fue el caso en el mismo 2013 de Salaheddin TV, que mató a cinco trabajadores de la misma.


En conclusión, el periodismo de guerra es sin duda una de las ramas más peligrosas y arriesgadas de esta profesión. Sin embargo, en Siria  no estamos asistiendo a unos periodistas víctimas de la guerra por daños colaterales, sino que por el contrario estos profesionales se han convertido de una forma demasiado habitual, en auténticos objetivos de los bandos que se enfrentan en este ya tan prolongado  conflicto. Y no sólo eso. Periodistas locales, reporteros de la región y fotógrafos que únicamente pretenden llevar a cabo su trabajo sin involucrarse en ningún bando, acaban siendo víctimas de esta guerra,  no sólo por publicar informaciones o ideas, sino por ser “culpables” de dedicarse a esto del periodismo.

NOTA ACLARATORIA:
Antes de concluir, y como ya nos sucedió en la anterior entrada, nos vemos obligados a señalar que hemos encontrado dificultades a la hora de contar con los testimonios de periodistas y reporteros que trabajan o han trabajado en Siria u Oriente Próximo, pues considerábamos que sus experiencias y visiones de este tema pueden ser extremadamente valiosas e ilustrativas. Hemos tratado de contactar con ellos pero aún sin ningún resultado. No obstante, tenemos la esperanza de poder obtener alguna respuesta en los próximos días y sin duda las incluiremos en próximas entradas del blog.
Por tanto, hemos recurrido a Reporteros sin Fronteras, CJO (Comité de Protección de Periodistas), numerosos artículos de diarios como el País o el Mundo,  el portal MyNews o la página  ‘El Orden Mundial siglo XXI’. Fuentes que sin duda nos han aportado información muy esclarecedora acerca de lo que sucede en esa parte del mundo. 

domingo, 30 de noviembre de 2014

África y la utopía de la libertad de prensa

África es posiblemente uno de los continentes más complejos que existen. La diversidad étnica y cultural, las extremas diferencias económicas entre países y entre las diferentes capas de la población de cada país, los intereses económicos extranjeros y las guerras civiles que desangran el continente negro hacen de él el más singular de los territorios.

Pero si por algo se caracteriza África es por la inestabilidad. La ausencia de democracias fuertes, la excesiva dependencia de las antiguas metrópolis, las diferencias étnicas y el radicalismo religioso contribuyen a que África sea el territorio con más conflictos del planeta. Esta inestabilidad, de la que se benefician las grandes empresas occidentales, convierte a los medios de comunicación africanos en objetivos estratégicos y en blanco de los grupos que desean controlar la información.

La guerra es el fenómeno que más contribuye a coartar la libertad de información. Ejemplos claros son Malí o la República Centroafricana, territorios que han experimentado un descenso dramático en la lista que cada año elabora  Reporteros Sin Fronteras sobre la Libertad de Prensa en el mundo.

Pero los conflictos armados no son los únicos fenómenos que hacen de la libertad de prensa una utopía en África. La ausencia de democracia en muchos territorios africanos, con regímenes dictatorial en multitud de ocasiones bendecidos por occidente, contribuyen sobremanera a la ausencia de un periodismo profesional y de garantías. En estos Estados dictatoriales, hay leyes restrictivas que impiden el libre ejercicio de su profesión a los periodistas, llegando a casos extremos en los que el periodismo es tratado por leyes antiterroristas y los profesionales de la comunicación encarcelados por ejercer su profesión.

Otro de los problemas a los que se enfrenta el periodismo en África es a la creciente proliferación de los grupos terroristas que ven en los profesionales de la información un enemigo contra su causa. Estos grupos, en muchas ocasiones extremistas religiosos, consideran a los medios de comunicación una amenaza para la doctrina religiosa.

Los conflictos armados, el carácter autoritario de los gobiernos y la presencia de grupos terroristas disidentes crean un clima de constante inestabilidad que debilita a los gobiernos, que se sienten amenazados fácilmente por los profesionales de la comunicación. Sólo así se explica que en países como Etiopía la libertad de información se combata con una ley antiterrorista, la cual ha llevado a la cárcel a muchos periodistas.

Imagen de Valiomerga.com
Desgraciadamente, Etiopía no es un caso aislado. Yibuti, un territorio gobernado por el dictador Ismail Omar Guelleh desde 1999, la lista de periodistas encarcelados y torturados se ha ido alargando, mientras los medios independientes desaparecían en favor de un único medio, Radio-Televisión Djibouti, la cadena nacional portavoz del Gobierno. Su vecina Eritrea viene a confirmar que el cuerno de África es una de las regiones que más atentan contra la libertad de prensa, ya que ostenta el dudoso honor de ser la mayor cárcel de periodistas de África, teniendo encarcelados en la actualidad a 28 profesionales de la comunicación.

Somalia completa el desierto informativo de la forma más cruel posible: en la antigua colonia italiana los periodistas son perseguidos tanto por los terroristas que se oponen al gobierno como por los agentes del Estado. Los terroristas islámicos ven la información como una amenaza, mientras que el gobierno somalí esbozó el “o conmigo o contra mí” tras la denuncia de algunos medios del incremento de la violencia gubernamental. Ahora, muchos medios no pueden desarrollar su labor debido a que el gobierno se niega a expedir las licencias necesarias para ello.

No mejora la situación si miramos hacia África Central, donde la guerra abierta en la República Centroafricana ha contribuido a desmejorar una situación que ya de por sí era preocupante. Con una Camerún cada vez más peligrosa para ejercer la profesión periodística y una Guinea Ecuatorial donde la libertad informativa es inexistente, los casos más preocupantes los encontramos, sin embargo, en Chad y Burundi.

En Chad, bajo pretextos de seguridad, se ejerce un control férreo sobre los medios de comunicación, con una legislación muy represiva propia del gobierno autoritario del país. Multitud de periodistas son encarcelados todos los años, y aunque la mayoría son puestos en libertad, la presión estatal puede con ellos: de los últimos tres periodistas liberados por el gobierno de Chad, uno se pasó a la prensa gubernamental, otro se exilió y el tercero ha abandonado totalmente la crítica al gobierno. Toda una victoria para la intimidación estatal.

Burundi, por su parte, ha impulsado una legislación mucho más represiva contra la libertad de prensa. Así, en abril de 2013 se aprobó una ley que viola todas las normas internacionales de libertad de prensa, y que pena con prisión una larga lista de actos periodísticos. Con esta ley, ni la proporcionalidad de las penas, ni la situación de los periodistas, ni el respeto al secreto de las fuentes están garantizados.

Imagen de Bolivia Hoy
En el norte del continente africano, las recientes revoluciones conocidas como La Primavera Árabe contribuyeron a crear un clima de esperanza para los profesionales de la comunicación. Así pues, uno de los hechos más notables que tuvieron lugar tras la caída de los regímenes dictatoriales de esos países fue el gran florecimiento de cabeceras que experimentaron. Según recoge El País en un artículo de febrero de 2013, en Túnez se registraron 228 nuevas cabeceras en los meses posteriores a la revolución, y en Libia hasta 450 nuevos medios aparecieron tras la muerte de Gadafi.

Sin embargo, el paso del tiempo no ha hecho sino desplomar las esperanzas de los periodistas norteafricanos. En Túnez, según recoge el informe de sobre la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras, el control sobre los medios se ha estrechado, volviendo a los métodos autoritarios de Ben Ali que bloqueaban la independencia de los medios. En Libia, la situación casi  anárquica contribuye a la libertad de prensa por el mero hecho de que el gobierno es prácticamente inexistente.

Tintes dramáticos toma la situación en Egipto, donde la constitución ni siquiera recoge la libertad de expresión. Esta nueva constitución, creada tras la caída de Mubarak por los Hermanos Musulmanes, abrió el camino para la islamización de los medios. La posterior caída de los Hermanos Musulmanes tras el golpe del general Al Sisi tampoco mejoró la situación, ya que los militares iniciaron esta vez una persecución sistemática e indiscriminada contra los periodistas, egipcios o extranjeros, que consideraron afines a los Hermanos Musulmanes. Esta auténtica caza de brujas ha llevado a periodistas turcos, palestinos, sirios y, por descontado, egipcios, a las prisiones del régimen de Al Sisi.

Más cerca de España, en Marruecos, aunque se ha avanzado bastante hacia la libertad de prensa, algunos casos ilustran una preocupante disposición por parte de las autoridades a contemplar la labor periodística como incitación al terrorismo. El mejor ejemplo es el caso de Ali Anouzla, que fue detenido en 2013 por publicar en su web de noticias un artículo que contenía un enlace a un vídeo atribuido a Al Qaeda en el Magreb Islámico. Fue acusado de apoyo material a una organización terrorista y de defensa de crímenes terroristas.

No obstante, los países con una dudosa democracia o con regímenes dictatoriales no son los únicos que cometen abusos contra la libertad de prensa en África. La propia España ha comprometido seriamente el trabajo de los periodistas en Ceuta y Melilla en multitud de ocasiones para impedir que se documenten ciertas prácticas prohibidas realizadas contra los inmigrantes. En este sentido, en un artículo aparecido en Eldiario.es, varios fotógrafos y periodistas denunciaban los impedimentos que la Guardia Civil les pone para tomar imágenes, y contaban como a algunos de ellos incluso les han llegado multas por documentar las devoluciones “en caliente” de inmigrantes a Marruecos.

Pese a todas estas violaciones de la libertad de prensa, las persecuciones y las presiones, aún hay motivos para la esperanza. Todos estos casos no hacen sino poner de manifiesto el inmenso poder de los periodistas como vigilantes del medio, y muestran que por mucho que se persiga a los periodistas, estos seguirán surgiendo allá donde sea necesario informar. Además, las nuevas tecnologías han contribuido a democratizar la información y a hacer de cada ciudadano africano un periodista en potencia: cada africano puede ser un proveedor de información gracias a los nuevos avances en tecnologías e Internet.

Por último, cabe destacar el único caso positivo que encontramos en África, el de Sudáfrica. Este país es el único que mejoró su puesto en la clasificación de la libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras de 2014 con respecto a la de 2013, llegando hasta el puesto 42, en gran medida gracias a sus avances legislativos en materia de libertad de información.

En África, la libertad de prensa se deteriora en la medida en la que los países occidentales alejan sus miradas de la población africana y la vuelven hacia sus baratos recursos. Las dictaduras, las guerras y el terrorismo hacen que irremediablemente tengamos que hablar de la libertad de información en el continente negro como una utopía, como algo irrealizable en el momento en el que se escriben estas líneas pero de lo que, sin embargo, aún podemos tener esperanzas merced a las nuevas formas de hacer periodismo que proporcionan las nuevas tecnologías y a los avances legislativos de países como Sudáfrica.


Las dificultades del periodista

No podíamos cerrar este post sin hacer mención a la tremenda dificultad que hemos encontrado a la hora de acceder a determinadas fuentes de información. Para esta entrada, aparte de las fuentes nombradas a lo largo del artículo (Informe de Reporteros Sin Fronteras sobre la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa y diversos artículos de los diarios El País y Eldiario.es) teníamos planeado contar con el testimonio de un reputado reportero de guerra que ha desarrollado gran parte de su carrera en África y con la fuente hemerográfica de My news.


Nuestro compañero no ha respondido a los intentos de contactar con él desde hace más de dos semanas, mientras que el portal My news se ha encontrado inactivo durante gran parte del fin de semana, impidiéndonos consultarlo. Este tipo de inconvenientes también repercuten en la calidad de la información que elaboramos y que recibimos, ya que la negativa de algunas fuentes a colaborar o los problemas técnicos pueden hacer que percibamos una realidad distorsionada. Sin embargo, es obligación del periodista que, pese a todas las dificultades que encuentre en el camino, la información que proporciona sea un reflejo veraz de lo que ha sucedido. Así lo hemos intentado.