domingo, 30 de noviembre de 2014

África y la utopía de la libertad de prensa

África es posiblemente uno de los continentes más complejos que existen. La diversidad étnica y cultural, las extremas diferencias económicas entre países y entre las diferentes capas de la población de cada país, los intereses económicos extranjeros y las guerras civiles que desangran el continente negro hacen de él el más singular de los territorios.

Pero si por algo se caracteriza África es por la inestabilidad. La ausencia de democracias fuertes, la excesiva dependencia de las antiguas metrópolis, las diferencias étnicas y el radicalismo religioso contribuyen a que África sea el territorio con más conflictos del planeta. Esta inestabilidad, de la que se benefician las grandes empresas occidentales, convierte a los medios de comunicación africanos en objetivos estratégicos y en blanco de los grupos que desean controlar la información.

La guerra es el fenómeno que más contribuye a coartar la libertad de información. Ejemplos claros son Malí o la República Centroafricana, territorios que han experimentado un descenso dramático en la lista que cada año elabora  Reporteros Sin Fronteras sobre la Libertad de Prensa en el mundo.

Pero los conflictos armados no son los únicos fenómenos que hacen de la libertad de prensa una utopía en África. La ausencia de democracia en muchos territorios africanos, con regímenes dictatorial en multitud de ocasiones bendecidos por occidente, contribuyen sobremanera a la ausencia de un periodismo profesional y de garantías. En estos Estados dictatoriales, hay leyes restrictivas que impiden el libre ejercicio de su profesión a los periodistas, llegando a casos extremos en los que el periodismo es tratado por leyes antiterroristas y los profesionales de la comunicación encarcelados por ejercer su profesión.

Otro de los problemas a los que se enfrenta el periodismo en África es a la creciente proliferación de los grupos terroristas que ven en los profesionales de la información un enemigo contra su causa. Estos grupos, en muchas ocasiones extremistas religiosos, consideran a los medios de comunicación una amenaza para la doctrina religiosa.

Los conflictos armados, el carácter autoritario de los gobiernos y la presencia de grupos terroristas disidentes crean un clima de constante inestabilidad que debilita a los gobiernos, que se sienten amenazados fácilmente por los profesionales de la comunicación. Sólo así se explica que en países como Etiopía la libertad de información se combata con una ley antiterrorista, la cual ha llevado a la cárcel a muchos periodistas.

Imagen de Valiomerga.com
Desgraciadamente, Etiopía no es un caso aislado. Yibuti, un territorio gobernado por el dictador Ismail Omar Guelleh desde 1999, la lista de periodistas encarcelados y torturados se ha ido alargando, mientras los medios independientes desaparecían en favor de un único medio, Radio-Televisión Djibouti, la cadena nacional portavoz del Gobierno. Su vecina Eritrea viene a confirmar que el cuerno de África es una de las regiones que más atentan contra la libertad de prensa, ya que ostenta el dudoso honor de ser la mayor cárcel de periodistas de África, teniendo encarcelados en la actualidad a 28 profesionales de la comunicación.

Somalia completa el desierto informativo de la forma más cruel posible: en la antigua colonia italiana los periodistas son perseguidos tanto por los terroristas que se oponen al gobierno como por los agentes del Estado. Los terroristas islámicos ven la información como una amenaza, mientras que el gobierno somalí esbozó el “o conmigo o contra mí” tras la denuncia de algunos medios del incremento de la violencia gubernamental. Ahora, muchos medios no pueden desarrollar su labor debido a que el gobierno se niega a expedir las licencias necesarias para ello.

No mejora la situación si miramos hacia África Central, donde la guerra abierta en la República Centroafricana ha contribuido a desmejorar una situación que ya de por sí era preocupante. Con una Camerún cada vez más peligrosa para ejercer la profesión periodística y una Guinea Ecuatorial donde la libertad informativa es inexistente, los casos más preocupantes los encontramos, sin embargo, en Chad y Burundi.

En Chad, bajo pretextos de seguridad, se ejerce un control férreo sobre los medios de comunicación, con una legislación muy represiva propia del gobierno autoritario del país. Multitud de periodistas son encarcelados todos los años, y aunque la mayoría son puestos en libertad, la presión estatal puede con ellos: de los últimos tres periodistas liberados por el gobierno de Chad, uno se pasó a la prensa gubernamental, otro se exilió y el tercero ha abandonado totalmente la crítica al gobierno. Toda una victoria para la intimidación estatal.

Burundi, por su parte, ha impulsado una legislación mucho más represiva contra la libertad de prensa. Así, en abril de 2013 se aprobó una ley que viola todas las normas internacionales de libertad de prensa, y que pena con prisión una larga lista de actos periodísticos. Con esta ley, ni la proporcionalidad de las penas, ni la situación de los periodistas, ni el respeto al secreto de las fuentes están garantizados.

Imagen de Bolivia Hoy
En el norte del continente africano, las recientes revoluciones conocidas como La Primavera Árabe contribuyeron a crear un clima de esperanza para los profesionales de la comunicación. Así pues, uno de los hechos más notables que tuvieron lugar tras la caída de los regímenes dictatoriales de esos países fue el gran florecimiento de cabeceras que experimentaron. Según recoge El País en un artículo de febrero de 2013, en Túnez se registraron 228 nuevas cabeceras en los meses posteriores a la revolución, y en Libia hasta 450 nuevos medios aparecieron tras la muerte de Gadafi.

Sin embargo, el paso del tiempo no ha hecho sino desplomar las esperanzas de los periodistas norteafricanos. En Túnez, según recoge el informe de sobre la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras, el control sobre los medios se ha estrechado, volviendo a los métodos autoritarios de Ben Ali que bloqueaban la independencia de los medios. En Libia, la situación casi  anárquica contribuye a la libertad de prensa por el mero hecho de que el gobierno es prácticamente inexistente.

Tintes dramáticos toma la situación en Egipto, donde la constitución ni siquiera recoge la libertad de expresión. Esta nueva constitución, creada tras la caída de Mubarak por los Hermanos Musulmanes, abrió el camino para la islamización de los medios. La posterior caída de los Hermanos Musulmanes tras el golpe del general Al Sisi tampoco mejoró la situación, ya que los militares iniciaron esta vez una persecución sistemática e indiscriminada contra los periodistas, egipcios o extranjeros, que consideraron afines a los Hermanos Musulmanes. Esta auténtica caza de brujas ha llevado a periodistas turcos, palestinos, sirios y, por descontado, egipcios, a las prisiones del régimen de Al Sisi.

Más cerca de España, en Marruecos, aunque se ha avanzado bastante hacia la libertad de prensa, algunos casos ilustran una preocupante disposición por parte de las autoridades a contemplar la labor periodística como incitación al terrorismo. El mejor ejemplo es el caso de Ali Anouzla, que fue detenido en 2013 por publicar en su web de noticias un artículo que contenía un enlace a un vídeo atribuido a Al Qaeda en el Magreb Islámico. Fue acusado de apoyo material a una organización terrorista y de defensa de crímenes terroristas.

No obstante, los países con una dudosa democracia o con regímenes dictatoriales no son los únicos que cometen abusos contra la libertad de prensa en África. La propia España ha comprometido seriamente el trabajo de los periodistas en Ceuta y Melilla en multitud de ocasiones para impedir que se documenten ciertas prácticas prohibidas realizadas contra los inmigrantes. En este sentido, en un artículo aparecido en Eldiario.es, varios fotógrafos y periodistas denunciaban los impedimentos que la Guardia Civil les pone para tomar imágenes, y contaban como a algunos de ellos incluso les han llegado multas por documentar las devoluciones “en caliente” de inmigrantes a Marruecos.

Pese a todas estas violaciones de la libertad de prensa, las persecuciones y las presiones, aún hay motivos para la esperanza. Todos estos casos no hacen sino poner de manifiesto el inmenso poder de los periodistas como vigilantes del medio, y muestran que por mucho que se persiga a los periodistas, estos seguirán surgiendo allá donde sea necesario informar. Además, las nuevas tecnologías han contribuido a democratizar la información y a hacer de cada ciudadano africano un periodista en potencia: cada africano puede ser un proveedor de información gracias a los nuevos avances en tecnologías e Internet.

Por último, cabe destacar el único caso positivo que encontramos en África, el de Sudáfrica. Este país es el único que mejoró su puesto en la clasificación de la libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras de 2014 con respecto a la de 2013, llegando hasta el puesto 42, en gran medida gracias a sus avances legislativos en materia de libertad de información.

En África, la libertad de prensa se deteriora en la medida en la que los países occidentales alejan sus miradas de la población africana y la vuelven hacia sus baratos recursos. Las dictaduras, las guerras y el terrorismo hacen que irremediablemente tengamos que hablar de la libertad de información en el continente negro como una utopía, como algo irrealizable en el momento en el que se escriben estas líneas pero de lo que, sin embargo, aún podemos tener esperanzas merced a las nuevas formas de hacer periodismo que proporcionan las nuevas tecnologías y a los avances legislativos de países como Sudáfrica.


Las dificultades del periodista

No podíamos cerrar este post sin hacer mención a la tremenda dificultad que hemos encontrado a la hora de acceder a determinadas fuentes de información. Para esta entrada, aparte de las fuentes nombradas a lo largo del artículo (Informe de Reporteros Sin Fronteras sobre la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa y diversos artículos de los diarios El País y Eldiario.es) teníamos planeado contar con el testimonio de un reputado reportero de guerra que ha desarrollado gran parte de su carrera en África y con la fuente hemerográfica de My news.


Nuestro compañero no ha respondido a los intentos de contactar con él desde hace más de dos semanas, mientras que el portal My news se ha encontrado inactivo durante gran parte del fin de semana, impidiéndonos consultarlo. Este tipo de inconvenientes también repercuten en la calidad de la información que elaboramos y que recibimos, ya que la negativa de algunas fuentes a colaborar o los problemas técnicos pueden hacer que percibamos una realidad distorsionada. Sin embargo, es obligación del periodista que, pese a todas las dificultades que encuentre en el camino, la información que proporciona sea un reflejo veraz de lo que ha sucedido. Así lo hemos intentado. 

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