domingo, 16 de noviembre de 2014

Prensa y libertades en China: La complejidad del gigante asiático

Cuando hablamos de grandes potencias mundiales, es difícil no ver entre ellas a China, un país que no sólo destaca en su propio continente, si no que se ha configurado como uno de los países hegemónicos del orden mundial del siglo XXI. Este es un hecho realmente sorprendente si echamos la vista atrás y vemos que en los años 70, China era un país principalmente agrícola y rural, y que en unas décadas se ha posicionado como líder económico gracias a un enorme desarrollo industrial. Sin embargo, al margen de cifras de productividad y avances económicos, China se ha caracterizado por sus fuertes controversias y contradicciones en lo referente a libertades fundamentales de sus ciudadanos, y en especial, en el ejercicio de un  periodismo independiente y libre, así como en la censura y represiones de medios y profesionales de la comunicación.



Fotografía: www.experienciaenchina.com
Siendo uno de los pocos estados  proclamados socialistas en la actualidad, es frecuente la imagen de una China basada en el autoritarismo y en la férrea disciplina social, ética y política, además de la ya mencionada represión y censura de prensa. Si bien es cierto que esta imagen del sistema Maoísta inflexible ha quedado atrás y que en las últimas décadas China ha impulsado numerosas reformas sociales que han modernizado la estructura del país, está aún lejos de poseer un sistema que no coarte la auténtica libertad de información entre los profesionales de comunicación, tanto tradicionales en periódicos,  radio y televisión, como los de las nuevas tecnologías de Internet basados en redes sociales y blogs.

Es aquí cuando encontramos la primera contradicción en el régimen chino. Y es que según el artículo 35 de su Constitución; " Los ciudadanos de la República Popular China tienen libertad de palabra, de prensa, de reunión, de asociación, de desfiles y de manifestaciones." Por tanto, China se reconoce como un país con estas libertades, aunque como suele pasar, no es lo que vemos en la realidad. 

El Estado administra y controla los principales medios de comunicación, que son los que acaparan la enorme mayoría de los espectadores y de la población, mediante grandes empresas como Xinhua (Agencias de Noticias) y CCTV, siendo esta última una de las cadenas de televisión más grandes del mundo, llegando a superar los mil millones de espectadores. Así pues, vemos como el gobierno se ha hecho con el control de los principales medios de comunicación, y por tanto, del contenido último que estos proporcionan a la población.


Ahora bien, este contenido es aparentemente libre de ser configurado y difundido por los propios periodistas chinos. Sin embargo, el gobierno ha establecido ciertos temas sobre los que no se puede ni investigar ni mucho menos informar. Así pues, contenidos que se pronuncien contrarios al gobierno o a la administración, las manifestaciones y protestas públicas opuestas el régimen, temas concretos como los conflictos del Tíbet, y los que exponen violencia o pornografía explícitas, son inmediatamente intervenidos. Ahora bien, ¿cómo regula el gobierno chino qué contenido es el apropiado? 


Mediante la Administración Estatal de Prensa, Publicaciones, radio, Cine y Televisión de la República Popular China y la Administración General de Prensa y Publicaciones, el gobierno se vale para regular y vigilar las transmisiones de los medios de comunicación, ejerciendo la censura y sancionando duramente a los que hagan omisión a los sistemas de control de la Administración. 


Fuente: www.tecnologyc.com

Con la llegada de las plataformas digitales y la explosión de las redes sociales y el contenido libre en Internet, China se ha visto en una tesitura de no fácil resolución. Mediante un sistema de cortafuegos popularmente conocido como 'Great Firewall' o 'Proyecto Escudo Dorado' para la Administración China, el ministerio de Seguridad Pública ejerce una vigilancia y censura de Internet. Según explica Daniel Méndez, periodista español en China y director del periódico ZaiChina.net en una entrevista a la plataforma Periodismo Ciudadano; "El Proyecto cumple con la misión de forma bastante eficaz: páginas web como Facebook, YouTube o Twitter, así como algunos medios de comunicación que han producido problemas durante los últimos meses (como Bloomberg o The New York Times) son bloqueados sin demasiados problemas por las autoridades" Y por si esto no fuera suficiente, la administración tiene la capacidad de cerrar y bloquear sitos web que incluyan ciertas palabras o temas clave, siendo imposible su búsqueda por parte de los usuarios.  Todos estos aspectos de censura y vigilancia constante, bloqueos y cierres de medios, vienen acompañados por una intensa propaganda mediática por parte del gobierno. 



Con todo, frente a todo este impenetrable mecanismo de control, existen varios puntos favorables en la libertad de prensa, ya que no estamos hablando de un régimen dictatorial y opaco como el de Corea del Norte. Los periodistas extranjeros, aunque necesitan una acreditación de la Oficina de Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores que les permita ejercer su profesión,  gozan de una libertad considerable y relativa. El mismo Daniel Méndez afirma que "yo no he tenido absolutamente ningún problema durante los últimos tres años". Además, no es frecuente la práctica de la  la censura a  medios extranjeros, ya que es el chino el idioma que más preocupa a la administración. Un hecho curioso es que se tiene mayor acceso a los medios de comunicación cuyo idioma sea menos dañino para el ´régimen, es decir, medios en español no tienen muchas menos posibilidades de sufrir censura que los medios escritos en inglés, ya que es un idioma que llega a una mayor parte de la población y que puede tener un mayor impacto con su contenido.


Aún con esto, como se expuso antes, el gobierno chino tiene especial cuidado con los temas que sean contrarios a sus directrices, que dañen su imagen o que supongan un peligro para la estabilidad de sus estructuras gubernamentales, y en esta línea de actuación, se han visto muy perjudicados ciudadanos y periodistas tanto chinos como extranjeros. 

Liu Xiaobo, Premio Nobel de la Paz de 2010 - EFE/ ElPaís.com

Destaca el conocido caso de Liu Xiaobo. El intelectual, activista y ferviente defensor de los Derechos Humanos en China, fue detenido y arrestado en 2009 por "cometer delitos contra la ley china" según la autoridades del país. Y es que Liu Xiabo, además de proponer profundas reformas sociales, es uno de los protagonistas que impulsaron la Carta 08, un documento que recoge por escrito y exige al gobierno chino una serie de transformaciones en el país hacia la auténtica democratización y el fin del mono-partidismo del Partido Comunista, así como el cumplimiento de los Derecho Humanos y el reconocimiento de una auténtica libertad de expresión e información. Esto fue suficiente para que el gobierno chino lo acusase de "criminal" y por ello, fue condenado a 11 años de cárcel. Parece obvio señalar, que los medios de comunicación oficiales y dominantes del estado trataron la noticia con sumo cuidado y la enfocaron como una maniobra necesaria de la justicia de la nación. Sin embargo, esto no acaba ahí. Liu Xiaobo fue nombrado premio Nobel de la Paz en octubre de 2010. Este acontecimiento, causó un enorme revuelo en la comunidad internacional, así como numerosas exigencias de los líderes mundiales a China para que procediera a la liberación de Liu Xiaobo. Aún así, el gobierno chino y el Departamento de demanda, emprendieron una serie de medidas para ocultar, censurar o manipular este hecho a la ciudadanía, desde la omisión de la noticia en cadenas de televisión oficiales como CCTV, el bloqueo de páginas web o SMS que contuvieran palabras clave como 'Liu Xiaobo' hasta el bloqueo de la emisión en China de medios extranjeros por satélite como CNN cuando trataron el tema. 


En conclusión, China, a pesar de su enorme peso económico en la esfera global, está lejos de ser un referente en libertades. Periodistas y medios de comunicación a menudo se encuentran con las dificultades de un sistema de censura y vigilancia muy bien diseñado para evitar que la opinión pública china se torne en contra las directrices del gobierno central. Y es que aunque a priori hay una libertad de prensa establecida y defendida por su constitución, los profesionales de la comunicación, tanto extranjeros como autóctonos, chocan a menudo con diversos temas  que el gobierno ha establecido como "peligrosos", y es habitual las represiones y bloqueos de informaciones sobre estos contenidos. Aún así, existe una creencia de un futuro esperanzador para China que acabe por suprimir todos los obstáculos y represiones que sufren aquellas personas que se dedican a esto del periodismo. 

Fuentes: Reporteros sin fronteras, Amnistía Internacional, periodismociudadano.com, Constitución china 1982.




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